A pocos días de la salida de su nuevo álbum, los integrantes de Catupecu Machu están más que satisfechos y orgullosos del resultado, al punto de juntarse cada semana en una cervecería de Recoleta para charlar con periodistas de diarios, revistas, radio y televisión. Pero realizar un reportaje con Fernando Ruiz Díaz siempre va más allá de la promoción puntual de disco o un recital (el 4 de diciembre tocan en el Luna Park), porque se apasiona, lanza una anécdota tras otra, cambia de tema y luego retoma el hilo de la conversación. A su lado, los integrantes actuales (el ya histórico Macabre y los flamantes Sebastián Cáceres y Agustín Rocino) se suman a su dinámica y el resultado jamás se parece a un músico poniendo “Play” ante la prensa.
No es para menos: hay muchas noticias que van más allá de un nuevo trabajo discográfico y un gran recital. Por un lado, Catupecu Machu vivió este año importantes cambios internos, como la desvinculación de un mánager histórico y su anterior baterista, Javier Herrlein. Por otra parte, en cuestión de meses le dieron forma a El mezcal y la cobra, cuya grabación se completó en Nueva York y cuya edición incluye un completo DVD con videoclips y el backstage de todo el proceso.
–¿Fue todo tan rápido y sencillo como parece?
Macabre: –En realidad, entre disco y disco siempre se van produciendo ideas y grabando demos de canciones. Fernando va grabando por su cuenta, escribiendo todo el tiempo, y en el momento que se decide comenzar a grabar, bajar todo y producirlo, es como que se abre ese cajón. ¡Y había mucho material! Fernando está todo el día escribiendo cuando estamos de gira. En los hoteles y en todas partes.
–Papelito que tiene a mano, ¿lo llena de garabatos y frases?
Fernando: –Siempre me gustó siempre el tema de la libreta, ¿viste? Maca, por ejemplo, me hizo comprar en Nueva York la famosa “moleskin”, que usaban Henry Miller y otros personajes para sus apuntes. Antes tenía un cuaderno de madera, que usé en la época de los discos El número imperfecto y Cuadros dentro de cuadros. Sí, estoy todo el tiempo escribiendo. Esta vez arrancamos incluso con tres temas de toda esta última época. Y así como la letra de “Metrópolis nueva” salió en Nueva York, “Cristalizado” fue una canción que bajó entera un día que llegué a lo de Dominga. Después, cuando nos juntamos con los chicos, le metemos el dedo en el enchufe al tema.
–El estudio no los intimida en absoluto.
Fernando: –No, para nada. Lo que pasa es que hay una cuestión que es muy importante: el estudio siempre fue un integrante más para Catupecu. Nosotros somos muy desordenados en un montón de cosas, pero como una vez bien dijo Baglietto, es “un caos ordenado”. Y como tenemos mucha pasión, si tenemos como una idea clara que es ir para un lado, vamos todos.
–¿Cuándo fue el ingreso de Agustín y el cambio interno?
Macabre: –Este verano, en el 2011. Cuando volvimos, en nuestro imaginario estaba la idea de grabar un disco este año y ya estábamos tirando ideas, pero de pronto sucedió el cambio de integrante de baterista y se fue el mánager.
Fernando: –En el viaje de las vacaciones, si bien fuimos todos juntos, bajaron un montón de fichas y se dieron un montón de cosas. Obviamente, no es algo que sucedió de un día para el otro, sino que se venían amasando. Eso aceleró quizás la idea de grabar un disco, porque apareció como todo un revuelo energético.
–En vez de parar para reacomodarse, aprovecharon esa energía e hicieron el disco.
Macabre: –Una cosa trajo la otra, y en un momento Fernando me dijo: “Mac, tenemos que bajar todo esto ahora a un disco.”
Fernando: –Eso es algo bien inherente a Catupecu. Fijate que en Cuadros dentro de cuadros nos separamos de Aprile (el baterista), y el mismo día Gaby llamó al ingeniero de grabación para decirle que en una semana empezaríamos a grabar el disco. Otros grupos, como Metallica, se separaron con el bajista y estuvieron seis años para hacer un disco. ¡A nosotros nos pasó lo del accidente de Gaby y al mes y medio estábamos tocando!
–Agustín, ¿cómo fue el llamado y la propuesta de entrar?
Agustín: –Un domingo al mediodía me llamó Fer y me dijo de juntarnos. Fui, me contó lo del mánager y la separación con Javier, y me dijo: “Yo estuve pensando y para mí el baterista sos vos.” Me acuerdo que lo primero que se me ocurrió decir fue: “Me parece que es una locura, pero de locos es el mundo que nos gusta.” Terminamos de tomar un whisky y me fui a la sala a tocar la batería.
Fernando: –¡Con Sebastián fue igual, eh! A los dos los arrinconé en el mismo sillón de mi casa, en el mismo lugar.
Sebastián: –Yo era un técnico del grupo, y un día me dijo que quería hablar conmigo. ¡Y me dijo de tocar el bajo en la banda! Dije que sí, pero no me lo esperaba. Recuerdo que le comenté que me estaba metiendo en algo bastante jodido porque iba a tener que usar los bajos de Gaby. Pero la gente me recibió con un amor inmenso y estoy eternamente agradecido.
–¿En el Luna Park se van a animar a tocar todo el disco nuevo?
Fernando: –Estamos viendo, porque pasó que nos propusimos hacer seis temas y cada vez se suman más, por ganas o por pedidos de la gente.
Macabre: –Los shows arrancaron hace dos meses, en Bariloche, y todos los fines de semana tenemos recitales por todo el interior del país.
Fernando: –Otro dato es que en apenas unos pocos días, el disco ya vendió como loco y están todos sorprendidos. Creo que el destino nos está llevando hacia tocarlo entero, lo cual es complicado porque tenemos mucho catálogo y la gente también quiere las cosas viejas. Un show así de masivo también es para la gente, y entonces empezamos con la idea de hacer cuatro o cinco canciones nuevas, y después llegamos a seis, ¡y sin darnos cuenta ya estamos tocando siete!
–Después de títulos como Cuadros dentro de cuadros, El número imperfecto, Laberintos entre aristas y dialectos, y Simetría de Moebius, ¿qué pasó que ahora abandonaron los títulos que parecen de ingeniero industrial?
Fernando: –Lo del título fue muy gracioso porque me cayó la ficha del nombre. Les dije que me había pasado una cosa que no me había ocurrido en ningún disco, y ellos me empezaron a decir que estaba buenísimo. Este es el primero que tiene dos imágenes que para mí las termina completando el oyente.
Sebastián: –Yo no creo que son todos títulos de ingeniero, por ejemplo Dale! y A morir.
–Al margen de las bromas, creo que el título simboliza el riesgo que tanto les gusta.
Fernando: –Hace poco, en una nota, Wallas dijo que el rock dejó de ser peligroso. Nosotros no. Somos gente que hacemos muchos errores, muchos más al vivir al extremo.
Macabre: –La comodidad de buscar no el lugar cómodo, quizás también es una declaración de principios para afuera y también hacia nosotros mismos. Como decía un amigo nuestro, el título son dos palabras pero no es pizza y fainá, ni agua y caniche. El mezcal y la cobra tiene una connotación atrás. De peligro, de locura, de lo que sea.
Fernando: –Si viviéramos las cosas como pide la industria del disco, no hubiéramos llamado a un bajista para que toque la batería, ni hubiéramos puesto una cobra en la tapa en vez de una foto del grupo.
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