“La música es lo que nos une”, entrevista a Agustín Rocino, por Diario Clarín 13.oct.2011

Jueves, 13 de Octubre de 2011 10:11

El ex bajista de Cuentos Borgeanos habla de su nuevo rol como baterista de Catupecu Machu y del por qué de los cambios de integrantes. Además, nos presenta su flamante disco.

Como si hubiera estado en manos de un gran Merlín de túnica y barita, así fue nombrado baterista de Catupecu Machu.

Agustín Rocino los conoce desde sus trece años (ahora tiene 31), se embarcó con ellos en giras a distintos lugares del país, los visitó como amigo y aprendió de ellos, sobre todo, de Gabriel Ruiz Díaz “mi mejor amigo, un referente”. Y ahora le ocupa protagonizar un papel impensado: el del nuevo baterista del grupo.

Y el mago-prestidigitador-loco es, obviamente, Fernando Ruiz Díaz. ¿Cuándo? Luego de la partida de Fausto (el manager histórico de Catupecu) y a días de la salida de Herrlein. ¿Cómo? –Fer me llama y me dice: “Estuve pensando y el baterista sos vos”. Yo me quedé. Puse una cara que lo hizo reir. Le dije “vos estás loco. Pero el mundo de locos es el que nos gusta a nosotros”.

Lo curioso es que Agustín era el bajista de Cuentos Borgeanos. Y, tenía un proyecto donde cantaba. Pero de la bata, nada.

–¿Nunca se te había ocurrido tocar con ellos? Ni el bajo...

–Es que ya estaba incorporado Sebas (Cáceres, el bajista). Sí toqué el bajo en el primer Obras después del accidente pero esto no lo esperaba. Por eso pedí tiempo: nunca había tocado profesionalmente la batería. Fer me dijo: “No hay problema, el mes que viene grabamos”.

–¿Por qué estas partidas?

–Cuando nos sentamos a charlar, con Fer nos tomamos un whisky y me contó que se había ido Fausto, que yo ya sabía. Y también que se habían separado con Javier. La explicación es que se había perdido la magia. El había encarado para otro lado. Además, estar en una banda de rock como Catupecu es bravo.

–¿En qué sentido?

–Por las complicaciones que hubo, el accidente de Gaby. Pero, más allá de esto, hay una premisa que compartimos: las bandas se arman entre amigos. Somos un grupo con Fer a la cabeza, pero a su vez somos un grupo de amigos. Sin dudas, Fer habrá visto algo en mí que ni yo había visto. Y me siento bien tocando la batería.

Hace seis meses que se concibió la nueva formación. Entonces, se terminó de gestar y dar a luz el flamante El mezcal y la cobra . Un disco con espíritu poguero, por momentos bailable ( Metrópolis nueva , Aparecen cuando bailamos ), más luz y menos introspección que Simetría de Moebius . Y, aún en la reiteración de obsesiones (cara o cruz), menos matemático (y ríspido) y más orgánico. Lleno de abstracciones/reflexiones sobre el destino (“actuar para lo que fuimos hechos”), la soledad o nuestra participación en las decisiones universales (“¿está todo escrito o escribimos de más?”) es menos exorcizante, y más eléctrico. Y con rarezas, como un tema a tres bajos ( Baile guerrero, golpe certero ). Todo, en tono energizante: rúbrica del cantante y del grupo.

-¿Lo mejor de Catupecu es la energía que tiene y transmite?

–Sí, seguro. Además de la música. Porque la música es lo que nos une a todos.

 

Por Silvina Marino
Mira la nota online en SÍ de Clarin

 

Dejar comentario

Asegurate de completar los campos obligatorios (*).

Seguinos en Facebook
Catupecu Machu en Twitter
Catupecu Machu en Youtube
Catupecu Machu en Myspace
Seguinos en Flickr
RSS Catupecu Machu
Catupecu Machu en iTunes
Catupecu Machu en Sonora
Catupecu Machu en Musimundo
Catupecu Machu en Mercadolibre
Catupecu Machu en ebay
Catupecu Machu en Amazon
Catupecu Machu en Google+