Crítica de El mezcal y la Cobra, por revista Rolling Stone, octubre 2011

Martes, 27 de Septiembre de 2011 15:47

Fer Ruiz Díaz reinventa su banda con un ritual de reptiles, celuloide y sintetizadores

"El reptil que cambia la piel otra vez, nuevamente." Entre esa frase, la primera que sale de la gola de Fernando Ruiz Díaz apenas le damos play a El mezcal y la cobra, y el título con que bautizó al octavo disco de Catupecu Machu, está condensada buena parte del universo simbólico de la versión 2011 del grupo. Es un título de alto impacto visual, con una impronta cinematográfica y mitológica. Una celebración etílica que coincide con una renovación reptilaria: Agustín Rocino, el ex bajista (sí, ¡bajista!) de Cuentos Borgeanos, ahora toca la batería en reemplazo a Javier Herrlein, que dejó el grupo junto a su manager histórico, Fausto Lomba, poco antes de comenzar la grabación de este álbum que además de una versión deluxe (CD + DVD) incorpora por primera vez el formato vinilo en la discografía de Catupecu.

El resplandor de la mente de Fernando tiene recuerdos que aparecen en señales autorreferenciales a su propia obra, como los "laberintos dentro de cuadros" que menciona en la letra de "Danza de los secretos" y que alude a dos de sus discos anteriores: Laberintos entre aristas y dialectos (2007) y Cuadros dentro de cuadros (2002), que condensan dos versiones previas de un grupo que supo mutar y reinventarse sin perder jamás su esencia. (También en "El toro terciopelo" hay otro link, a "Origen extremo", el tema que abre Cuadros..). La mutación aparece nuevamente como un dogma, como un argumento para la supervivencia y como un modo de mirar y entender la vida. "Los actores en otro papel, siempre un fílmico nuevo" es una frase que resuena en la letra de "Aparecen cuando bailamos" y funciona, también, como un autodiagnóstico. Esa canción, junto con "Metrópolis nueva" -un guiño, desde el nombre, al emblemático film que Fritz Lang rodó en 1927-, establece un curioso tándem que lleva el séptimo arte al dancefloor, agrieta al piso y le pide al dj de turno que no ponga fin. La cúspide emotiva de "Metrópolis." llega a un pico de euforia que tiene destino de jingle de publicidad de cerveza: "Metrópolis nueva/ los bares festejan/ y algunos se abrazan/ y otros se besan/ y brindan el bien con el mal". Se trata del hit más pegadizo de Catupecu en muchos años, con el bombo en negras, espíritu de celebración y energía rockera.

Los teclados y los sintetizadores de Macabre, en combinación con las guitarras poderosas, definen un sonido nuevo y le otorgan una proyección casi sinfónica, potente y sofisticada, a estos doce episodios sonoros. Un piano hipnótico marca el pulso en "Danza de los secretos", que en un crescendo letal se transforma en una marcha celebratoria de corte casi marcial. Esta ambición orquestal rige también a "Klimt... pintemos", que funciona como una puerta de entrada -para nada literal, más allá del título- a la obra del pintor austríaco Gustav Klimt (1862-1918).

Otras dos obsesiones conviven en la explosiva "El toro terciopelo". Por un lado, las múltiples y filosas capas de guitarra y teclados potentes construyen una pared de sonido y sientan las bases para un prog-rock digital. Por el otro, la fijación por lo arcaico: "Un sonido primitivo, tambores de otro tiempo.", ruge, ralentando, Fernando. Sus inflexiones vocales son casi guturales, un gesto primitivo procesado por la tecnología de Catupecu. El uso del sonido del shakulute sintetizado en el poderoso riff de "El mezcal y la cobra" funciona como una analogía de la doctrina catupequense. Ese instrumento, un híbrido entre una milenaria flauta japonesa de bambú y una flauta de metal occidental, distorsionado y multiplicado en estridentes capas sonoras, se conecta con algo parecido a su declaración de principios: revisar el pasado y proyectarlo al futuro. Un gesto coherente para un grupo que en algún momento de la conjunción entre la madera y el microchip montó una estética, construyó un sonido y alzó esa bandera.

Por Humphrey Inzillo
Mirá la critica online en RollingStone

 

 

1 comentario

  • Enlace comentario Lunes, 07 de Noviembre de 2011 02:11 Publicado por Damian

    Es soprendente como Humphrey Inzillo puedo sintetizar de manera tan categórica todo el contenido del Mezcal y la Cobra, en mi opinion uno de los mejores disco de Catupecu, como bien dice en la crítica " un grupo que supo mutar y reinventarse sin perder jamás su esencia"
    La calidad y lírica de este disco me dejó totalmente maravillado.....Fernando siempre tiene un As bajo la manga y saber bien como jugarlo. Uno se siente muy identificado por lo complejo de las canciones y más aún, por la forma que tiene de decirlo, acomprañado por unas composiciones que afirman más aún la calidad del disco

    Saludos!

Dejar comentario

Asegurate de completar los campos obligatorios (*).

Seguinos en Facebook
Catupecu Machu en Twitter
Catupecu Machu en Youtube
Catupecu Machu en Myspace
Seguinos en Flickr
RSS Catupecu Machu
Catupecu Machu en iTunes
Catupecu Machu en Sonora
Catupecu Machu en Musimundo
Catupecu Machu en Mercadolibre
Catupecu Machu en ebay
Catupecu Machu en Amazon
Catupecu Machu en Google+