Comodidad: Las fiestas electrónicas en el Casco Antiguo tienen acondicionadores, ventiladores, alfombras… El rock no. (Emulando algún discurso de Capusotto) El rock es caluroso, es caliente, suda, tiene catinga. Vibra. Es euforia pura. El rock es una fascinante comunión.
Así fue el sábado pasado. Unas cinco mil almas colmaron la “Ciudad Rock”. Por más que la escena sea tan conocida: todavía eriza la piel presenciar cómo “Ombo” (Plan Ñ) o “A tu lado” (Flou) hierve de pasión el mar de cabezas.
Salamandra, La Secreta y Magna Vox también sumaron desde temprano. Pero la sombra inevitable era la de Flou; esa gran masa de fans no paraba de vocearlos, grupo tras grupo. El cuarteto subió a las 23:30, y ardió obedientemente esa ciudad juvenil. Buenos 50 minutos, de los nuestros.
Luego todo el crédito quedó para Catupecu Machu. Los porteños estaban previstos para la 1:30, y tenían arreglados 100 minutos de show. Pero adelantaron 40 minutos su estadía en escenario, y la prolongaron por un par de horas electrizantes. Con ese rock sanguíneo que tiene esta banda.
Curioso lo de Fernando Ruiz Díaz, el cantante y guitarrista, envuelto en una chaqueta, gorro y lentes oscuros. Seguro bajó algunos kilos.
“Confusión”, de su último disco “Simetría de Moebius”, abrió ese viaje que sale de la oscuridad, entre lluvias de guitarras ardientes, frenéticos bombos y alucinantes teclados. “Piano y RD”, “Anacrusa”, “Puedes”, entre otros, iban tejiendo esos sonidos nuevos, pero con ganas de furia.
“Los tres deseos” fue la bisagra para los emotivos tributos, a capela: “Hablando a tu corazón” (Charly García) y “Persiana americana” (Soda Stereo). “Fuerza Gustavo. Fuerza Gaby”, selló Ruiz Díaz, para Cerati y su hermano, que batallan contra sendas lesiones cerebrales.
“Nuevo libro” y “Viaje del miedo” trajeron el sonido de la guitarra criolla, con cuerdas intensas como latigazos. Un tributo más: “Seguir viviendo sin tu amor” (Luis Alberto Spinetta), con corte de audio. Algún cable mal puesto de la consola falseaba. No importó. El show subió sus apuestas, yendo al rock explosivo: “Magia veneno”, “Hechizo”, “Dale” y “Lo que quiero es que pises sin el suelo”.
El rock también es de la calle, de los perros. Afuera del Casco Antiguo, cerca de cincuenta acérrimos (G. 55.000 era demasiado para su dieta financiera) gozaban con el rectángulo de puerta por donde se escapaba el rock, libre.
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Diario La Nación de Paraguay
30.agos.2010
